Madrid pierde la oportunidad de ser más segura y limpia

on Apr 1, 2013

Circular a 30 kilómetros por hora en las zonas residenciales urbanas es una opción que ya se aplica en muchas ciudades, como Pontevedra. Reduce los accidentes, fomenta el uso de bicicletas, permite que caminar resulte más atractivo y hace que las calles sean más limpias . El Ayuntamiento ha perdido hoy la oportunidad de que Madrid sea más segura y esté menos contaminada con la votación negativa en el pleno. Mientras tanto, la recogida de firmas para la Iniciativa Ciudadana Europea sigue avanzando

La propuesta presentada al pleno era adherirse a la campaña 30km/h, que coordinan  Ecologistas en Acción, Andando, ConBici, CC.OO y Stop Accidentes. Pero la iniciativa, llevada al pleno por Izquierda Unida, fue rechazada por los populares, con la abstención de socialistas. Resulta positivo que el Ayuntamiento se mostrara dispuesto a la bajada de velocidad permitida en algunas vías, pero esta reducción solo será efectiva si se realiza en todas las zonas residenciales.

Eso es lo que se persigue con la recogida de firmas lanzada en toda Europa. A lo largo del año se espera sumar un millón de adhesiones,  50.000 de ellas a nivel estatal. Los apoyos serán entregados a la Comisión Europea, para que esta institución lance una propuesta legislativa en toda la UE. Son muchas las razones para respaldar la iniciativa:

Menos muertes en accidentes
Se reduciría el número de personas atropelladas cada año en nuestras ciudades y la gravedad de las lesiones. Al reducir la velocidad de 50 km/h a 30 km/h, baja sustancialmente la distancia necesaria de frenada, desde los 53 a 36 metros. Esto significa que las posibilidades de morir en un atropello pasan de un 45% a tan solo un 5%, es decir, 9 veces menos.

Más viandantes y bicicletas
Se favorecerían los modos más sostenibles, como la marcha a pie y en bicicleta. La mayor disuasión en nuestras ciudades para que las personas anden o vayan en bicicleta no es otra que el peligro provocado por la circulación a velocidades elevadas.

Menos contaminación
Se reduciría el ruido provocado por los automóviles y –gracias a la mayor proporción de desplazamientos a pie o en bicicleta y de las menores aceleraciones de los automóviles– se reduciría la contaminación del aire de las ciudades y la emisión de gases de efecto invernadero.
La reducción del nivel de ruido mediante el límite de 30 km/h es de 3 decibelios, según el consejo medioambiental SRU. El 80% de la contaminación acústica de nuestras ciudades viene causada por el tráfico rodado. Los datos oficiales indican que el 74% de la ciudadanía del Estado español está expuesta a niveles sonoros superiores a 55 decibelios producidos por la circulación. Dos de cada tres residentes en ciudades españolas medias o grandes viven en ambientes sonoros considerados inaceptables.

Menos combustible
Disminuiría el consumo de combustibles de automoción, lo que implicaría una mejora en nuestro balance comercial y un ahorro en recursos financieros que se podrían dedicar a otros fines sociales. En 2011 las compras de petróleo supusieron el 63,1% del total del saldo comercial del país en 2011, frente a un 43,5% en 2010, de las que más de la mitad fueron gasóleos, mayoritariamente para automoción. Resulta evidente que si se redujera el uso del el automóvil (el medio de transporte más ineficiente) a favor de los modos no motorizados, se ahorraría.

Aunque el límite oficial actual sea de 50 km/h,  resulta  peligroso circular a velocidades superiores a los 30 km/h. Un límite general evitaría circulaciones peligrosas, favoreciendo un cambio de actitud en los conductores al asumir que no se debe superar nunca ese tope. Es, en definitiva, un límite ejemplarizante.